De algunas cosas que pasan

De las cosas, de esas cosas que no se dicen pero que se sabía que eran así. De los tiempos, de los fantasmas de nosotros, de coincidir cuando ya había decidido incinerarte para no verme tentada a desenterrar alguna vez nuestros cadáveres.
De los lugares inesperados, de las pruebas de fortaleza:
Me desmoroné en cuanto apareciste.
Y regresaron a mí todos los días y los minutos y los segundos y tu piel y tus labios y todo tú.
El vértigo, hace mucho que murió para mí. Tú solías ser esa caída.

De esas cosas que se empecinan en no morir aun en la vacuidad. Algunos le llaman amor, yo lo desnudé y lo dejé sin nombre. De las lágrimas y la tristeza y esas cosas que me guardé durante un año; te esperé: tu orgullo, el gran obstáculo.
De la música y nosotros dos y el adiós que debí decirte desde hace doce meses. Una canción. Yo. La imposibilidad de nosotros emergió de mi garganta.
De cuando debí bajarme del automóvil y callar y no exponer mi vulnerabilidad. De ti y esa otra nueva persona. De cuando me escribiste que me esperarías toda la vida y lo recordé y cerré la puerta. El tiempo no tiene orillas, creí.

Caminé.
Lloré todo el trayecto hacia mi casa.
También te odié por haberme dejado ir una vez más.

De esas cosas que suceden y no entendemos razones. Las cosas. Esas cosas tuyas y mías y esas cosas que me pasan cuando se trata de ti. Te voy a liberar de aquí adentro. Ya no te puedo guardar más.
Fue un adiós, lo sé.

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